octubre 02, 2017

2 de octubre

No se olvida.

junio 20, 2017

Por una izquierda racional y razonable

Desde hoy en librerías:



Una crítica a esa izquierda new age de terapias alternativas y pensamiento místico que parece estar cada vez más en boga

Mauricio-José Schwarz arremete en este libro contra las nuevas tendencias de cierto pensamiento progresista, y se pregunta cómo es posible que un sector de la izquierda política se haya apartado tanto del camino de la razón y el conocimiento que le dieron origen en el siglo xviii, como para asumir la visión mística del new age, el rechazo a la ciencia, el relativismo posmoderno, las teorías de la conspiración más descabelladas (muchas de ellas nacidas en la derecha) y otras creencias y prácticas extravagantes.

La izquierda feng-shui hace un recorrido histórico por los caminos que van desde la Ilustración y la revolución francesa hasta los conceptos de postverdad y «hechos alternativos», y se detiene en algunas de las creencias comunes de esta «izquierda esotérica» enfrentadas al conocimiento científico, los hechos y los datos. Desde su propia postura de izquierda, exhibe los peligros y problemas que conllevan la confianza en supuestas terapias alternativas, la lucha contra la medicina y las vacunas, el movimiento antitransgénicos y creencias como la de los chemtrails, los Illuminati y la quimiofobia.

junio 04, 2017

Gluten, homeopatía y embustes periodísticos


El día de hoy, la periodista y escritora Rosa Montero (@BrunaHusky en Twitter) ha publicado en El País Semanal un artículo en el cual aborda una serie de temas sin ninguna documentación, desinformando, falseando y sesgando para apoyar la que es al parecer su creencia fundamental: que la homeopatía es una terapia eficaz y que quienes hemos luchado por que se conozca la verdad sobre su ineficacia, sus teorías absurdas y sus enormes peligros (sobre todo al apartar a los pacientes de terapias probadas) somos por supuesto peones pagados de la industria farmacéutica, que es el mal.

Es grave que alguien escriba haciendo afirmaciones contundentes sin siquiera informarse sobre el tema del que habla, sin contrastar ni poner en duda sus ideas, prejuicios o supersticiones, que se insertan en lo guay de una izquierda que odia la ciencia. Y el problema que tiene que quien escriba y publica esas falsedades tenga cierta relevancia (que no está relacionada con el conocimiento científico o médico, además) es que mucha gente le cree sin contrastar nada de lo que dice, por falacia de autoridad.

Amplío aquí la respuesta que le di a Rosa Montero en Twitter con el hashtag #MiraRosaMontero. Empieza su artículo con lo siguiente.
En los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, el ingeniero agrónomo estadounidense Norman Borlaug inició lo que luego se denominaría la Revolución Verde creando semillas transgénicas de arroz, maíz, trigo y centeno que multiplicaban el resultado de la cosecha.
Como lo cuento en Y Norman le dio a comer al mundo, Borlaug empezó en 1944 a trabajar en México para atacar la tragedia que implicaba que ese país había visto reducida a la mitad sus cosechas de trigo debido al hongo de la roya del tallo y amenazaba una hambruna. Trabajó haciendo híbridos de las muchas variedades existentes para que fuera resistente a la roya. Para 1956, sus nuevos híbridos habían permitido a México la autosuficiencia en trigo.

Norman Borlaug, el denostado héroe que salvó más de mil millones de vidas.
Pero Norman Borlaug no creó "semillas transgénicas", simplemente porque la tecnología para tal hazaña no existía cuando él hizo la Revolución Verde. La estructura misma del ADN, la doble hélice, apenas fue descrita en la revista Nature en 1953. El ADN recombinante se crea en 1973 y el primer transgénico se autoriza en 1980: una bacteria que come petróleo crudo. El primer alimento transgénico no llega al mercado sino hasta 1994, es un tomate. Rosa Montero podía haberse enterado incluso revisando la Wikipedia. Incluso en su atroz versión en español relata cómo utilizó hibridización de especies existentes.


Continúa la escritora:
Lo malo es que el trigo y el centeno que comemos hoy vienen de ahí, y al parecer nuestro cuerpo no termina de reconocer el gluten de esos cereales, creando cada día más casos de intolerancia.
Pero es que el gluten de esos cereales es el mismo gluten que han tenido los cereales desde siempre, desde que el trigo fue domesticado por primera vez en el Creciente Fértil hace 10.000 años. No hay "distintos glútenes". Porque el gluten es una forma de depósito de proteínas que contiene prolaminas y glutelinas; las prolaminas del trigo son las gliadinas (hay tres formas de ellas) y éstas resultan tóxicas para los aparatos digestivos de los celíacos (1,5% de la población mundial, se calcula). Por otro lado, la "intolerancia al gluten" es un fenómeno no demostrado y en el que mucho intervienen las modas y la convicción (movida por el neoprimitivismo y el naturismo anticientífico) de que todos tenemos "intolerancias alimentarias" mágicas y sin descripción clínica precisa (en algunos lugares se atreven a "diagnosticar" tales intolerancias fundamentalmente imaginarias usando un sencillo galvanómetro y mucha labia para desplumar al cliente).

La "máquina Vega", una estafa frecuente en sitios herbolarios
y cosméticas para "detectar intolerancias alimentarias"
sin ninguna base científica.

Inventado un gluten "nuevo" inexistente que proviene de plantas transgénicas igualmente inexistentes y que por supuesto no se pueden consumir en Europa y ni siquiera existen en el mercado debido entre otras cosas a falsedades como éstas (es decir, Rosa, que ni siquiera has comido un grano de trigo o cebada transgénico en tu vida, porque no los hay), ya se le puede atribuir nuestro malestar hipster de nuevo milenio. Montero lo hace:
El problema, pues, no sería el gluten, sino ese nuevo gluten al que no estamos habituados; no hay inconveniente en comer espelta o kamut, por ejemplo, trigos ancestrales cuyas semillas no han sido modificadas y que digerimos sin dificultad. Y tampoco a todo el mundo le sientan mal el trigo y centeno; supongo que depende de la edad, de la cantidad que ingieras, de tu susceptibilidad y, sobre todo, de cruzar esa intolerancia con otros problemas.
Pues no, el problema es el gluten. Y una búsqueda en revistas científicas nos dice que la espelta, al tener el mismo gluten, es igualmente tóxica para los celíacos. Y lo mismo dicen sobre el kamut y otras variedades "primitivas" son tóxicos para los celíacos porque tienen gluten. Ya que alguien suponga que "depende de la edad" no vale más que decir que "depende de cuántos fantasmas habiten la casa". Es especulación pura.
Yo, que tengo cuatro tornillos en la columna vertebral, dejé de tomar trigo y centeno hace algunos meses y la espalda ha mejorado radicalmente. Mi traumatólogo, jefe de servicio de uno de los más importantes hospitales de Madrid y una eminencia, me dijo: “No existe ni un solo estudio científico que lo documente, pero parece que lo del gluten funciona en los casos de inflamación crónica. No sabemos por qué”.
Pues no sabemos qué tanto sepa el emintente traumatólogo, pero si "no existe un solo estudio científico que lo documente" habría que preguntarle cómo "parece que lo del gluten funciona". Lo que parece, es un caso de amimefuncionismo que no tiene lugar en el tratamiento de la salud de los seres humanos. A algunos les funciona la virgen del Rosario y algunos tienen ángeles de la guardia, pero ello no les da ningún valor.

Resulta que esta impresionante colección de embustes sólo tiene por objeto, finalmente, otra cosa.
Cuento todo esto para indicar no sólo nuestra inmensa ignorancia sobre casi todo, sino además la terrible dependencia de nuestro conocimiento de unos estudios supuestamente científicos que están orientados hacia el beneficio de las grandes empresas. Estoy segura de que no hay estudios sobre el gluten transgénico porque no le interesan a nadie.
Por supuesto algunos somos más ignorantes que otros. Y algunos sabemos que si ignoramos algo deberíamos enterarnos antes de estar seguros de nada. Por supuesto, aquí la señora Montero acierta: no hay estudios sobre "el gluten transgénico" porque no existe tal gluten transgénico.

Lo que sí hay son estudios de trigo transgénico en el cual se han hecho alteraciones para que el gen que produce las gliadinas no se exprese (vamos, que no las produzca). Un logro del CSIC cuya patente ha tenido que venderse al extranjero porque aquí, gracias al miedo a los transgénicos, no se puede plantar ni comercializar.


Pasamos a otra idea, la de que los estudios científicos son sesgados y no son sino campañas de publicidad que abusan de la necesidad de la gente, siendo las peores las "promovidas por la industria farmacéutica", afirmación que no sustenta en modo alguno salvo porque dice que esta industria gana mucho dinero. Incluso más que los vendedores de armas, una comparación sin sentido pero que sugiere que hay "más maldad" en quien gana más, en lugar de celebrar que se dedique más dinero a la salud que a matar al vecino. Sin embargo, confundir y mezclar el negocio farmacéutico con la eficacia de los medicamentos es populismo manipulador. Equivale a decir que los aviones no vuelan o los teléfonos no comunican porque las aerolíneas y las telecom ganan mucho. Es decir, que las farmacéuticas sean poderosas no significa que sus productos sean inservibles, son dos variables independientes pero que se unen en la mentalidad conspiranoica de la izquierda feng-shui.

Pero a lo que va el artículo es a la defensa de la homeopatía. Habiendo denostado a la ciencia a gusto y sin dar una sola prueba, Rosa Montero denuncia "una de esas campañas":
¿No les choca la repentina obsesión científica que le ha entrado a nuestra, en general, acientífica sociedad para denunciar la homeopatía? Llevamos meses de un machaque tan orquestado y pertinaz que no puede ser casual. Me parece bien advertir del peligro de usar sólo homeopatía, pero alucina ver tanta furia contra una práctica barata y desde luego inocua, mientras que los muertos por efectos secundarios de las medicinas alopáticas son un goteo constante: en España triplican a las víctimas de tráfico.
"Machaque orquestado", dice. Es decir, afirma que quienes buscan (buscamos) educar a la gente para que no gaste en azúcar mágica carísima que NO CURA y la aleja de terapias que SÍ están probadas aunque sean imperfectas somos deshonestos y nos pagan las farmacéuticas. Una acusación de una enorme gravedad que afecta a médicos, investigadores de numerosas disciplinas, divulgadores, familiares de víctimas de pseudoterapias y a periodistas que nos hemos ocupado del tema no de modo "repentino" sino durante años. ¿Somos todos deshonestos? ¿Nuestra furia se debe a que nos llenamos los bolsillos y no a que la gente muera por usar esta práctica inútil?



Hay mucho qué arreglar en la medicina y las farmacéuticas. Problemas de modelo de negocio, de poder, de investigación, de regulación y de mejores decisiones. Nadie afirma que sea una industria perfecta, porque sería tan irracional como afirmar que todos los seres humanos implicados en la investigación científica, la práctica médica, la industria y el periodismo son psicópatas que desprecian la vida humana. Deshumanizar a todos, presentar a todos como conspiradores y asesinos es de una inmensidad tal que quita el aliento.

Para el caso, la homeopatía tampoco es gratis. Es un enorme negocio que tiene el defecto de que ofrece nada a cambio del dinero del paciente, que no ha aportado nada al bienestar humano en 200 años, no ha obtenido ningún conocimiento y no ha tenido más efecto que los videntes, los horóscopos o los embrujos vudú. Es el azúcar más cara del mundo. Es un engaño y una superstición, por bienintencionados que sean sus practicantes. Y Boiron tiene ingresos para demostrarlo...


La medicina imperfecta ocasiona muertes. Cierto. Como los aviones en ocasiones caen y ocasionan muertes. Proponer la homeopatía como medio terapéutico "por inocua" como alternativa equivale a proponer que se deje de viajar en aviones y se usen alfombras volantes.

Pero así se hace propaganda en vez de un debate racional y razonado, basado en hechos y datos, en evidencias y en un análisis sereno de una realidad compleja. Dos brochazos, blanco y negro, bueno y malo, y la inmoral mentira como forma de ganar la partida sin jugar.

Que la medicina no sea perfecta no quiere decir que se pueda negar la ciencia que sustenta lo que sí sabemos y que ha mejorado y prolongado nuestras vidas de una esperanza de vida de 34 años en España a en 1900 a 80 años en 2015.

Rechazar la ciencia por los problemas de la industria equivale a derribar en vuelo un avión lleno de gente porque Boeing es una industria imperfecta y gana mucho dinero.

Rosa Montero tiene, como alguien que dispone de la voz pública de la que la mayoría carecemos, la obligación de informarse antes de publicar. Lo que ha hecho es una vergüenza y debería disculparse.

Punto.